Lucas 5:12,13
El escritor e historiador judío Flavio Josefo escribió el libro “Antigüedades de los judíos” sobre el año 94dC. En este libro se recogen unas palabras, que libres de toda añadidura, dicen:
«En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas.».
Este escritor está hablando de Jesús como un hombre lleno de virtud, que murió crucificado y que sus discípulos decían que resucitó.
Este Jesús, de quien se demuestra que ciertamente resucitó, es de quien hablan los evangelios. Es real, y es quien dijo ser, Dios hecho hombre y el Salvador.
Este Jesús, el Cristo, Jesucristo, vino para ayudar.
El hombre leproso de la historia pidió su ayuda para ser sanado, pidió que se compadeciese de su estado. Creyó, rogó, y su oración abrió el camino a la ayuda. Jesús hizo algo más que compadecerse, le escuchó, le dijo que quería ayudarle y que podía ayudarle. ¡Y le ayudó!
El hombre tuvo la fe para acercarse a Jesús y Jesús tenía el poder para ayudarlo y la voluntad para hacerlo.
Esta historia la recoge un médico llamado Lucas, quien él mismo dice que escribió de Jesús después de haber investigado a fondo todo lo que ocurrió para que pudiésemos dar por cierto todos los acontecimientos que escribe sobre Jesús.
Lucas recoge que Jesús dijo que para eso había venido, para ayudar: “he sido enviado para sanar a los quebrantados de corazón, para pregonar libertad a los cautivos, para dar vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para predicar el tiempo de gracia del Señor”.
No tenemos por qué dudar, Jesús de Nazaret puede y quiere ayudarte.
Hebreos 4:14-16. Su persona muriendo en la cruz y derramando su sangre es el precio que hace posible que podamos acercarnos a Dios, a su salvación, a sus bendiciones y ayuda.
Su persona, experimentando todo como cualquier ser humano, hace que entienda nuestra debilidad y nuestro dolor.
Su persona llena de misericordia hace posible que no seamos rechazados, sino perdonados y recibidos.
Jesucristo es quien abrió el camino hasta el mismo Dios, hasta el mismo lugar de donde viene la ayuda que nos salva.
Nuestra fe es la que nos coloca en ese camino de salvación, en ese camino para recibir la poderosa ayuda de Jesús.
Tu oración es la que te ayuda a recorrer y despejar el camino hacia recibir el oportuno socorro.