Filipenses 3:12-14
La dignidad y la abundancia que Jesucristo da a las personas que le creen, no se la da nada ni nadie. Ninguno que viene a él con fe es rechazado sino que él ama a todos, Juan 3:16 y tiene un plan con todos, Juan 10:10.
Primero, porque nos da el honor de su presencia por la eternidad en el mismo lugar donde él vive por siempre, no importando nuestra condición inicial por cuanto nos perdona nuestro pecado, que es lo que nos destituía de su gloria, Romanos 3:23-25.
Segundo, porque nos da un nuevo posicionamiento y fundamento, necesario para construir la nueva vida, que solo él nos puede dar; haciéndonos hijos de Dios y haciéndonos libres del poder del pecado y del diablo, Juan 1:12; 10:10; 8:36; Colosenses 1:13.
Tercero, porque él mismo viene con nosotros, Mateo 28:20, para ayudarnos a construir nuestra nueva vida de forma sólida y estable, Mateo 7:24,25. Toda la ayuda que necesitamos viene de él, no hay mayor especialista para construir nuestra vida que Jesucristo.
No todos somos iguales, pero sí que Jesucristo va a construir todas nuestras vidas.
Venimos condicionados por nuestra naturaleza, por ejemplo unos más fuertes que otros o unos con mayor coeficiente intelectual que otros.
Venimos condicionados por la sociedad, por ejemplo unos naciendo en familias con más medios que otras. Incluso nos condiciona la vida en este mundo, como por ejemplo enfermedades, accidentes, daños recibidos.
A pesar de que somos diferentes, Jesucristo tiene un plan para todos y cada uno de nosotros, partiendo de lo que cada uno es; nos acompañará, guiará, ayudará y edificará. Mateo 25:15.
Jesucristo te dará la fuerza y provisión para que tu puedas realizar tu tarea y perseverar. Te dará la sabiduría para que puedas aprovechar la oportunidad y tomar buenas decisiones. Te librará de la tentación para que veas la trampa y no caigas y aun te librará del mal.
Es su gracia, es su poderosa ayuda.
Pero desde ahí tú tendrás que esforzarte, seguir adelante, 2ª Timoteo 2:1.
Por eso el apóstol Pablo, desde la perspectiva personal del plan de Dios para su vida, podía decir: “a todo, conforme al plan y voluntad de Cristo, puedo hacer frente; puedo hacerlo, voy a salir airoso, porque Cristo me da las fuerzas” (Filipenses 4:13).
Y Jesucristo no solo tiene el poder de construir sino que si caemos, si fallamos, tiene el poder de restaurar.
Solo tenemos que seguir amándole y vendrá el perdón, el consuelo, la sanidad, la liberación, el propósito. Lo hizo con Pedro que lo negó. La pregunta que Jesús hizo a Pedro fue si le amaba. Ante la respuesta afirmativa de Pedro, Jesús lo restauró.
Es necesario que entregues tu vida al Espíritu Santo, Efesios 5:15-18.
Siendo lleno del Espíritu Santo podrás ser edificado, a pesar de este mundo malo e injusto. Serás edificado conforme a la voluntad de Dios y podrás caminar en su voluntad y usar recursos en tu vida de forma sabia, obteniendo fruto, lo mejor de cada momento y situación.
Efesios 3:16-19. Pero no será sin el Espíritu Santo. Solo él nos puede llevar a esa plenitud de vida en Dios.
Él nos fortalecerá en fe en Cristo. Nos guiará conforme a las verdades de Cristo. Nos llenará de amor por Cristo. Nos ayudará a profundizar nuestra vida en Cristo, a echar raíces en Cristo. Y podremos ir viviendo y avanzando a la plenitud de Dios, nivel tras nivel.