Mateo 16:18
Jesucristo dijo que sería él quien edificaría su iglesia; no hay otro que pueda hacerlo por cuanto solo él es Emanuel, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Cordero de Dios y Salvador. Y no hay otros, sino los que en él son sus colaboradores, los que trabajan. Ciertamente unos plantarán y otros regarán pero solo él dará el crecimiento (1ª Corintios 3:6-9). Trabajo que harán los obreros del Señor y siempre sobre el único fundamento que es Jesucristo (1ª Corintios 3:11), porque si no, ese trabajo no prevalecerá.
Sin duda es su iglesia y de nadie más. Jesucristo es la Roca (1ª Corintios 10:4). Y es sobre esta Roca, eterna, firme e indestructible, que es él, que se edifica la iglesia. La Roca de su encarnación; de su vida plena de comunión con el Padre, santidad, verdad y amor; de su sacrificio y muerte vicarios; y de su resurrección, victoria y entronización celestial; todos los cuales ya nadie jamás podrá evitar, mover o deshacer. Jesucristo ha vencido. Ha vencido al mundo, al de pecado, maldición y condenación; ha vencido, despojando y humillando al diablo y sus huestes de maldad, quedando destinados al infierno eterno; y ha vencido a la muerte, que no lo pudo retener. La muerte no vencerá a la verdadera iglesia de Jesucristo.
Iglesia que son los que confiesan a este Jesús como el Hijo del Dios Viviente y Cristo, haciéndose así tan firmes como una roca, y siendo construidos de forma estable y duradera, piedras vivas del edificio santo (1ª Pedro 2:4,5,9), de tal manera que sobre ellos no vencerá la condenación ni la muerte sino que estarán para siempre en el cielo con el Señor que los salvó. Bendita por siempre la Roca de nuestra salvación, Jesucristo.
