Mateo 4:19,20
Cuando Jesús llamó a hombres a seguirle y que fueran sus discípulos, les dijo lo que serían, el trabajo que él haría con ellos y el tipo de vida con la que estaban siendo llamados a comprometerse. Jesús les estaba mostrando el futuro que tenía para ellos, el propósito en el que vivirían. No solo los llamó para que fueran salvos y tener vida eterna, sino para que mientras tenían vida en este mundo la tuvieran nueva en Dios y vivida con propósito de Dios (Juan 10:10).
Quien fue rey del pueblo de Dios, David, dijo que el Señor cumpliría su propósito en él (Salmo 138:8). Conocía la misericordia de Dios para ayudarlo aun en su peores errores y fracasos; su fidelidad inquebrantable con su palabra y perfectos planes; y su imbatible poder.
Dios cumplió su plan con David y no se pudo interponer en contra ningún hombre. David no era en su familia el hermano más apreciado, sin embargo a pesar de no ser tenido en cuenta, Dios si contó con él para que el profeta Samuel lo ungiera como rey. Su preparación fue la de pastorear las ovejas de la familia, sin embargo desde ese lugar apartado Dios lo preparó y lo llamó. Ni incluso el rey Saul, que intentó matar varias veces a David, pudo detener el plan de Dios de que David fuera rey.
¡Dios tiene un plan contigo, y cumplirá su propósito en ti! ¡Y no abandonará la obra de sus manos, que eres tú!
Jesús no solo les mostró el propósito que tenía para con ellos, sino que les dijo que él mismo estaría trabajando en ellos para que alcanzaran su destino.
Por un lado trabajaría para contrarrestar los aspectos negativos en sus vidas y carácter, que indudablemente si no eran debidamente tratados estropearían el divino plan.
Ayudó a Pedro en los momentos de dudas, como cuando caminando sobre las aguas dudó, tuvo miedo y se hundió (Mateo 14:28-32). Lo ayudó a ser libre cuando fue tentado por el diablo para no entender y caminar conforme al plan de redención (Mateo 16:22,23). Y lo ayudó a superar sus pecados y fracasos, como cuando lo negó (Juan 21:15-17). Ninguno de estos aspectos negativos del carácter de Pedro pudieron impedir que Jesús trabajara con él para llevar a delante su plan de que pastoreara sus ovejas.
Y por otro lado trabajó para sembrar y potenciar en ellos las verdades y capacidades necesarias para ir alcanzando los distintos objetivos que los encaminarían en su propósito.
Les enseñó con su ejemplo el adecuado carácter necesario para caminar con la presencia de Dios en el plan divino. Les dio verdades del reino de Dios que los capacitarían con inteligencia y sabiduría espirituales para los muchos desafíos ante las culturas, filosofías y religiones. Les llevó a vivir experiencias que harían crecer su fe y les prepararían para ofrecer recursos y soluciones a las distintas necesidades de la gente.
Jesús no los iba a dejar solos ante la gran empresa de vivir conforme a su plan (Mateo 28:20). No los dejaría desprovistos de lo necesario (Mateo 10:1,5). Y los investiría con el mismo poder con el que él vivió y actuó (Hechos 1:8).
El apóstol Pablo que vivió en el propósito de Dios sabía de la misericordia y fidelidad de Dios y dijo: Filipenses 1:6.
Jesús también les dijo que en su propósito y futuro que tenía para ellos, ellos tendrían que esforzarse; no todo el trabajo lo haría él, tenían que seguirle, y lo hicieron. Pero ¿qué significaba seguirle?
Cuando Pedro, ya de mayor, les escribe a los creyentes, nos enseña en qué tenemos los creyentes que esforzarnos y perseverar para caminar en el propósito y planes de Jesús y no perdérnoslos.
Nos dice que tenemos que caminar agarrados a la palabra de Dios como el que se agarra fuertemente a una linterna en un camino totalmente oscuro (2ª Pedro 1:19); porque la palabra de Dios es el recurso seguro para alumbrar el camino y evitar que caigamos o nos perdamos. También nos enseña que solamente nutridos de la palabra de Dios es que podremos crecer en los planes de Dios (1ª Pedro 2:2).
También nos dice que si queremos el futuro de Dios entonces no podemos estar caminando alejados de él por causa de nuestra forma mundana de vivir, sino que tenemos que vivir en santidad, renunciando a toda maldad, (1ª Pedro 1:13-17; 3:10-12).