Hechos 7:54-60
El apóstol Pedro lleno del Espíritu Santo predicó el evangelio y se convirtieron tres mil personas. Esteban también lleno del Espíritu Santo habló la palabra de Dios a una multitud y le mataron. ¿Qué era la voluntad de Dios? Porque Pedro siguió vivo después de que su predicación diera fruto visible, desatando una ola de conversiones; pero Esteban sin embargo murió desatando una persecución.
Si vivimos entregados al Señor, él hará su voluntad y su voluntad es perfecta (Romanos 12:2) aunque al momento no la entendamos, o no veamos su fruto como nosotros esperamos, o cause resultados muy dolorosos.
Aquellos tres mil que se convirtieron y luego cinco mil más por la predicación de Pedro, dio lugar a un poderoso movimiento de la naciente iglesia del Señor Jesucristo en Jerusalén, afectando a judíos de todas las partes, incluso a sacerdotes, y produciendo milagros de parte del Señor en la gente. Nuevos discípulos se estaban haciendo y se ponían manos a la obra del Señor como era el caso de Esteban. Esto era voluntad del Señor.
Y con Esteban, no solo estaban ocurriendo maravillas en el pueblo sino que con llenura y sabiduría del Espíritu se daba a conocer una vez más la palabra y la obra del evangelio del reino de Dios. Aún un hombre llamado Saulo, que luego sería el apóstol Pablo, recibía testimonio por medio de lo que ocurrió a Esteban, testimonio necesario para su posterior conversión. Pero el Señor había dicho que su evangelio se llevara no solo a Jerusalén y Judea sino hasta lo último de la tierra. Y por causa del testimonio y muerte de Esteban se desató una terrible persecución contra los cristianos que dio lugar a que éstos salieran de Jerusalén y se dispersaran por todas partes, dando lugar también a la dispersión del evangelio. Esto también era voluntad del Señor.
No siempre la voluntad del Señor es visible a nuestros ojos y entendimiento, pero a su tiempo y en su forma, si fuimos guiados por el Espíritu Santo, veremos el fruto divino. Busquemos ser llenos del Espíritu Santo para ser guiados conforme a la voluntad del Señor, porque la voluntad del Señor es perfecta.