Mateo 14:28-31
A veces pedimos al Señor hacer algo, como por ejemplo servirle en alguna tarea o en algún puesto. Y el Señor nos lo permite porque no es malo querer servir al Señor (1ª Timoteo 3:1). Pero el servicio al Señor no puede ser en nuestro entendimiento, fuerzas y talentos naturales, y no puede ser porque creemos tener la fe suficiente para hacerlo. El servicio al Señor siempre es porque Él nos dice “ven” y es en su poder. Cuando le servimos en nuestros propios recursos, entonces temprano o tarde nos hundiremos, fallaremos.
Si queremos servirle, tendremos que creer que es Él quien nos llama y envía, y tendremos que confiar totalmente en Él para hacer la obra que nos ha dado. Si quieres servirle entonces no dudes.
1ª Corintios 3:5-9
Servir al Señor es ser un colaborador de Dios.
Es hacer una tarea dada por el Señor, obra que no me doy a mí mismo.
Es cierto que implica un esfuerzo, implica perseverancia en el esfuerzo, y seguro que el Señor usará nuestros talentos naturales. Pero es más una obra de fe en Aquel que nos ha llamado y enviado, es una obra de fe en Aquel que seguro nos va a capacitar de forma maravillosa.
Servir al Señor es ser responsables delante de Él.
Y es hacerlo para provecho de otros. El servidor no es el primero ni principal receptor del beneficio de la tarea.