Juan 4:23,24
Dios está buscando adoradores.
Aquellos que hemos sido salvados por Jesucristo estamos llamados a vivir la nueva vida, no de cualquier manera, sino como un acto de adoración.
No un solo acto, o en momentos determinados, sino un acto constante de adoración. Un acto de adoración que va más allá de lo externo, de las formas, porque si fuera así estaríamos haciendo lo mismo que los fariseos que honraban a Dios con sus palabras pero no con el corazón. Es vivir ocupándonos de la salvación con temor; con prioridad, respeto y dedicación, pues es lo más grande, valioso, que hemos recibido.
Es vivir amándole, es la entrega de la vida. Es la comunión con el Espíritu Santo como nos enseña Pablo en 2ª Corintios 13:14. Comunión que va más allá de pedir sino que se deleita en agradecer y alabar y en conocerle.
Es caminar conforme a su palabra (Lucas 6:46). Es andar en el Espíritu, creciendo a la imagen de Jesús (Romanos 8:29) y no haciendo nada que le desagrade (Gálatas 5:16). Es hacer la obra que nos manda a hacer, principalmente darle a conocer (Mateo 28:19; 1ª Pedro 2:9).