No solo de pan

Bienvenido a mi blog. De forma sencilla puedo decirte que para mí Jesucristo es la vida. Siempre le estaré agradecido por el día en que llegó a mi vida y me ayudó a creerle. Cada día encuentro en la oración y en sus enseñanzas aliento y dirección. Sé que un día estaré con él para siempre en el cielo. Espero que encuentres en las palabras que escribo inspiración para creerle y seguirle.

Gálatas 4:4-7

Dios envió a su Hijo para redimirnos del pecado; para hacernos libres de la condenación eterna y de la esclavitud a la que nos somete el pecado.

Por su Espíritu, el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, somos adoptados como hijos de Dios. Nadie nos puede hacer hijos de Dios sino el Espíritu Santo por medio de la obra salvadora de Jesucristo.

El Espíritu Santo viene a vivir en el interior de los redimidos, rescatados, de los que han sido salvados por Jesucristo, y el mismo Espíritu nos da testimonio de que somos verdaderos hijos de Dios (Romanos 8:16), librándonos así de todo temor. Porque ahora el Dios Todopoderoso es nuestro Padre, y la voluntad de nuestro Padre para nosotros es buena y perfecta. Y porque ahora heredamos la vida eterna en el cielo, lugar que prepara para nosotros el mismo Señor (Juan 14:1-3).

El Espíritu Santo derrama en nosotros el amor de Dios (Romanos 5:5) y su perfecto amor nos mantiene en esperanza y echa fuera el temor (1ª Juan 4:18).

El Espíritu Santo nos libra de temor (Romanos 8:15) por cuanto nos da testimonio de haber sido hechos verdaderamente libres en Cristo (Juan 8:36). Cristo, quien ha vencido al mundo (Juan 16:33) es nuestro Buen Pastor y nadie nos arrebata de su mano. Por medio de Cristo nada nos separa del amor de Dios (Romanos 8:38,39).

El Espíritu Santo nos libra del temor porque nos ayuda a hacer morir las obras de nuestra vieja naturaleza carnal, guiándonos en la nueva vida como verdaderos hijos de Dios (Romanos 8:12-14).

El Espíritu Santo nos libra de todo temor porque en cualquier necesidad nos lleva a clamar a nuestro Padre con toda confianza; nos da la seguridad y confianza de llamarlo Abba. Y nuestro Padre nos da buenas cosas cuando le pedimos (Mateo 7:11). Sí, el Espíritu Santo nos enseña a orar.

Posted in