DICEN PERO NO HACEN

Mateo 23:3

Los fariseos vivían conforme al antiguo pacto, el pacto de la ley, pero no cumplían la ley de todo corazón, por eso el Señor los llamó hipócritas.
Decían pero no hacían. Había más apariencia y deseo de reconocimiento que cumplimiento de corazón de la ley de Dios. Estaban llamados a cumplir toda la ley pero se encargaban de buscar formas para solo hacer lo que a ellos les interesaba.

El Señor Jesucristo enseñó que aquellas personas que son verdaderamente dichosas, bienaventuradas, son las que nos solo oyen su palabra sino la obedecen, Lucas 11:28. Y también enseñó que el verdadero hijo de Dios es quien cree y obedece su palabra, Lucas 8:21. Si alguien está llamado a salir de la hipocresía, sin duda que es quien ha creído a Jesucristo. Los que le han creído y confiesan que son salvos, que son hijos de Dios, están llamados a vivir obedeciendo su palabra, Santiago 1:22. La palabra no es para oírla y luego olvidarla sino para recordarla y aplicarla en cada momento y aspecto de la vida. Cuando tenemos en cuenta la palabra de Dios para obedecerla en todos nuestros asuntos recibimos la ayuda del mismo Dios en eso en que la estamos poniendo por práctica, Santiago 1:25.

El Señor enseñó a los discípulos que no era cuestión solamente de declarar con la voz que él era el Señor, sino que era cuestión de un corazón dispuesto a obedecer lo que él enseñaba, era cuestión de que él fuera el Señor en el corazón, Lucas 6:46. Vivir en obediencia a la palabra de Dios nos garantiza que nuestra vida no irá a la ruina, Lucas 6:47-49. Luego, antes de su partida al cielo, Jesucristo envió a sus seguidores a hacer nuevos discípulos y les dijo que les enseñaran todo lo que él mandó que guardasen, Mateo 28:19,20. El verdadero discípulo es aquel que cree y obedece las enseñanzas de Jesucristo y no enseña a otros lo que quiere sino la palabra que Jesucristo enseñó que guardasen.

El que dice creer en Jesucristo, el que dice ser discípulo de Jesucristo, tiene que ser creyente de todo corazón y esto es cuando se obedece lo que él enseñó. Es totalmente necesario y aun urgente volvernos a la obediencia a la palabra del Señor. Que la obediencia a la palabra del Señor sea el verdadero fundamento y la verdadera forma de edificar nuestras vidas e iglesias.

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