Marcos 14:3-6
Jesús viene donde es bien recibido y allí es donde le gusta quedarse; se quedaba en Betania y no en Jerusalén, su casa estaba en Capernaum y no en Nazaret.
En Nazaret no pudo hacer muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos, porque no lo honraban por quien era, solo creían que era el hijo del carpintero.
Ábrele tus puertas, recíbele, ¡se perfume a los pies de Jesús! ¡Ofrécele todo tu corazón a Jesús! Haz que a Jesús le guste quedarse contigo, haz que a Jesús le guste quedarse en esta casa.
Ese perfume es tu fe, no importa cuales sean las circunstancias que te rodean.
Tú le honras cuando le pides con la fe de que él es el Todopoderoso y puede ayudarte; y cuando le pides con la fe de que él es Misericordioso y quiere ayudarte.
Ese perfume es tu gratitud por las bendiciones recibidas.
Ese perfume es tu servicio y dedicación por haberte salvado.
Ese perfume es adoración y el Padre está buscando tales adoradores: Juan 4: 23.
La adoración más auténtica, la que es extraordinaria, la que maravilla a Jesús es la que se hace de corazón, no poniendo la mirada en lo que va a costar. Para algunos esta adoración puede ser innecesaria, un desperdicio, o algo extravagante.
Pero para Jesús la adoración de corazón siempre será una buena obra.
La adoración más auténtica, la que es extraordinaria, la que maravilla a Jesús es la que pone en el centro a Jesús y no a uno mismo. Pone en el trono a Jesús y nos quita a nosotros del trono. Su objetivo es exaltar la persona de Jesús y no exaltarnos a nosotros mismos. La adoración más auténtica nos pone a los pies de Jesús, rompe la barrera del prejuicio, del qué dirán.
No hay nada como estar en su presencia y adorarle. Aunque no la veamos, o aunque no la recibamos en el momento, siempre hay recompensa para la adoración auténtica.
En su presencia, cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, en adoración, recibimos su Palabra que nos edifica y nos prepara para el futuro, Lucas 10:42.
En su presencia, cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, en adoración, recibimos el perdón por nuestros pecados, somos libres de la esclavitud y nuestra vida cambia, Lucas 7:48.
En su presencia, cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, en adoración, podemos recibir el milagro que estamos necesitando, Marcos 7:28,29.
En su presencia, cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, en adoración, somos llenos del Espíritu Santo que nos empodera para una vida fructífera, Hechos 10:33,44.
