Hebreos 10:35,36
Jesucristo con su vida, muerte, resurrección y entronización, hace posible el cumplimiento de las promesas de Dios, 2ª Corintios 1:20.
Él es el único Mediador entre Dios y las personas; Él es el camino de Dios a las personas y de las personas a Dios. Jesucristo no solo ha hecho posible nuestra relación con Dios, la salvación, el perdón de nuestros pecados, la reconciliación, justificación, la adopción como hijos, y la regeneración, sino que también ha hecho posible que podamos recibir bendiciones de parte de Dios nuestro Padre Celestial. Él nos da buenas cosas y hará su buena obra en nosotros. Ciertamente cumplirá promesas en nosotros y por medio de nosotros.
Pero es necesario que nos mantengamos en la carrera, la carrera de la fe. No podemos abandonar porque perderíamos las recompensas. Y no solo es mantenernos sino confiar totalmente en Él para hacer su voluntad. No solo perderíamos la recompensa de la meta alcanzando definitivamente la salvación, sino la recompensa de la experiencia de andar el camino en su compañía, conociéndolo. No podemos olvidar que hemos sido hechos morada del Espíritu de Dios. Y también nos perderíamos las muchas bendiciones de andar con Dios en el camino de su voluntad; ser parte de sus planes, recibir el poder y de las riquezas celestiales, es decir los recursos necesarios para alcanzar lo prometido. Sabemos que la vida que nos da es abundante y en plenitud, porque en él estamos completos. Por eso también somos llamados a despojarnos de lo que nos pesa y nos dificulta la carrera, especialmente del pecado que terminará por enredarnos hasta que caigamos y nos salgamos del camino.
Pongamos nuestros ojos en Jesús y de Él vendrá la fe necesaria para correr y también para pelear la buena batalla, Hebreos 12:1,2. Nos dará ánimo, motivación, y si caemos nos levantará para que sigamos corriendo.
Si mantenemos nuestra unión con Jesús, se cumplirán promesas en nosotros. Dediquemos un tiempo diario a estar con Jesús por medio de la lectura y meditación de su palabra, Juan 15:7. Y mantengamos un tiempo diario de oración para estar en comunión con el Espíritu Santo, 2ª Corintios 13:14.
