LEVANTA TUS OJOS AL CIELO Y CONFÍA

Mateo 14:19

Fue en ese momento que de esa manera se llamó al cielo, a Dios, y el milagro fue creado en el cielo para luego ser hecho en la tierra.

Levantar los ojos al cielo es buscar con fe a Dios poniendo el asunto y situación en sus manos confiando que responderá poderosamente.
Mirar al cielo, pero mirar para llamar a Dios, mirar con fe, es BÚSQUEDA, CONFIANZA, DEPENDENCIA. Y el que busca encuentra, al que llama se le abre.

Levantar los ojos al cielo puede traer la apertura de los cielos sobre una determinada situación y que se mueva la mano de Dios haciendo una obra poderosa en la necesidad.

Pero hay una parte que tenemos que hacer nosotros para que se complete el milagro. Es bendecir y luego poner manos a la tarea. Abramos nuestra boca como fuente de bendición, bendigamos aquello que ya tenemos y aquello que está en nuestras manos hacer. Y luego pongámonos a trabajar.
Ese poco que tenemos o ese poco que podemos el Señor lo convertirá en mucho.

¿De dónde vendrá mi socorro? Alzaré mis ojos a las alturas porque mi socorro viene de Dios el Todopoderoso, Salmo 121:1,2.

Juan 16:33; Hechos 2:36. No tengamos dudas, Jesús es el Cristo y es el Señor.
No hay otro Salvador y no hay otro Señor. Tenemos que seguir encontrando un poderoso consuelo y esperanza en la soberanía del Señor Jesucristo.

Él venció a todos los poderes que gobiernan este mundo; vivió, murió, resucitó, y ascendió a los cielos donde está sentado en el trono celestial. ¿Quién calmó la tormenta en el Mar de Galilea? ¿Quién liberó de demonios a un ciudadano de Gadara? ¿Quién resucitó a Lázaro después de cuatro días muerto? ¿Quién sanó al ciego Bartimeo? Jesucristo es el Señor y Rey por derecho propio, por méritos, por victoria. Ha recibido todo el poder y suyos son el reino y el gobierno. Su Nombre es sobre todo nombre y todo está sujeto bajo sus pies. Él sigue haciendo su obra y nadie lo puede impedir.

Es en comunión con él que recibimos la seguridad de que él está con nosotros todos los días, como prometió; y recibimos la seguridad que está al control.
En esa comunión y confianza recibimos paz, tranquilidad, y se va el miedo; recibimos ánimo, fuerzas, y aún valentía, para seguir resistiendo y avanzando.
Y en esa comunión con él recibimos esperanza de que él de alguna manera abrirá o allanará el camino, y de que Él puede hacer un milagro.

Scroll al inicio
Este contenido está bloqueado porque se conectaría a widgets.wp.com.