¿QUÉ ME PIDE DIOS?

Mateo 22:21

¿Qué es de Dios, qué le pertenece sola a él, para que yo se lo tenga que dar? Dios ya dijo que es lo que nos pide a los que le creemos.
En Éxodo 20:1-17 Dios dice los mandamientos que él quiere que cumplan aquellos que le creen. Esos mandamientos son vida para aquel que los obedece. Porque todo lo que Dios nos pide es para darnos vida, no la vida natural que ya la tenemos y también él nos la dio, sino la verdadera vida, la abundante, en plenitud y la que trascienda a vida eterna en su presencia.

En el profeta Miqueas 6:6-8, el Señor va más allá de los sacrificios que podamos hacer para agradarle y nos declara la conducta del corazón de aquel que le ha creído. Dios espera de los creyentes que vivan en rectitud haciendo lo que es justo y que vivan teniendo misericordia de toda aquella persona que esté en necesidad. Pero también nos dice que espera de nosotros que vivamos humillados, es decir en dependencia de él y en obediencia a él. Y como también dijeron los profetas Jeremías 9:24 y Oseas 6:6, Dios quiere que le conozcamos, que nos acerquemos a él para conocerle y no solo para pedirle. Quiere que pongamos entendimiento en inquirir y saber quién es él y cuál es su voluntad para nosotros.

El Señor Jesucristo termina respondiendo claramente a los fariseos y doctores de la ley lo que es lo más importante para Dios y lo que espera de nosotros, Mateo 22:35-40. Dios espera todo. Espera que vivamos entregados a él por completo. Nos creó y nos salvó, suyos somos. Pero nos es una rendición por obligación, sino que es una entrega por amor. Dios quiere que le demos amor, que le amemos por sobre todas las cosas. Como dijimos antes, porque si le creemos, le obedecemos, si le amamos, tenemos su vida, la vida de Dios. Es amarle con el pensamiento, con la voluntad, con las emociones y con las fuerzas de nuestro cuerpo. Es entregarle la vida en el entendimiento, la fe y la confianza de que es suya y él nos ama con un amor que no tiene comparación. ¿Qué sería de nosotros si no nos hubiera salvado? Como decía el apóstol Pablo, esclavos somos de Cristo.

Pero también espera de nosotros que amemos a quien está a nuestro lado. Que oremos por esa persona, que le hagamos bien, que la bendigamos. Y si pecó contra nosotros, que la perdonemos. Porque Jesús ya nos enseñó que lo que queramos que hagan con nosotros eso es lo que tenemos que hacer con los demás. Como ya dijo Dios desde la antigüedad, que hagamos lo que es justo y tengamos misericordia.

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