Hubieron mujeres que creyeron, siguieron y sirvieron a Jesús, incluso participaron en momentos clave de la vida de Jesús. En estos encuentros tan especiales con mujeres, Jesús enseñó a los que les rodeaban sobre verdades espirituales. Y también aprovechó estos momentos para dignificar a la mujer.
Como leemos en Lucas 8:1-3 mujeres que fueron ayudadas por Jesús le sirvieron con sus propios bienes.
Las mujeres se acercaron a Jesús y creyeron, supieron ver en Jesús a quien de verdad era él, el Salvador. Y luego mostraron su amor en el espíritu de entrega y servicio que desarrollaron, pues ayudaron con sus bienes a que Jesús pudiera dedicarse exclusivamente a predicar el evangelio.
Al aceptarlas Jesús mostró a los religiosos que la verdadera religión no solo era cuestión de hombres.
En Lucas 24:1-11 leemos como mujeres fueron al sepulcro para ungir a Jesús y fueron ellas las que dieron la primera noticia de que Jesús había resucitado.
Las mujeres que habían creído mostraron una vez más su amor por Jesús y su espíritu abnegado de servicio al preparar todo, incluso comprando los perfumes, para ungir a Jesús para su sepultura. Y aún en su tristeza mostraron su fe hablando de la resurrección sin dar lugar a ninguna conjetura.
En Marcos 7 vemos como es una mujer, en este caso extranjera, la que muestra total humildad en su búsqueda de la ayuda de Jesús, creyendo en la identidad de Jesús como el que todo lo puede, no exigiendo nada sino quedando dependiente de su misericordia.
En Lucas 10 es una mujer, María de Betania, la que muestra su amor por Jesús con pasión por sus enseñanzas, colocando la necesidad de recibir su palabra por encima de otras necesidades.
En Juan 8 vemos a Jesús perdonando a una mujer que querían apedrear por su pecado. Aquella gente aprendieron que todos pecamos, que todos necesitamos el perdón que ofrece Jesús, y que para Jesús hombres, mujeres, niños, somos iguales y dignos de su gracia y misericordia redentora.