Mateo 3:11
Este fuego no es un fuego que quema, consume, destruye y quita de en medio, sino un fuego que lleva al fruto, construye; no consume la vida sino que la completa, la lleva a la plenitud. Un fuego que no nos corta sino que nos mantiene unidos a la fuente de vida.
Este fuego viene cuando nos arrepentimos, es decir nos volvemos a Dios de verdad. Es el fuego de Dios que él enciende y hace arder con poder en nuestra vida.
Este fuego se mantiene y aviva con la comunión con Dios (Levítico 6:12,13).
No nos engañemos, este fuego es totalmente necesario, por eso hay que avivarlo, 2ª Timoteo 1:6; Juan 5:35.