Mateo 11:28-30
La ley nos pone su yugo y su carga. Nos pone su yugo sujetándonos a ella, para que vivamos, caminemos, con ella, para cumplirla (es decir para imitarla, ser como ella, perfecta) y así poder tener comunión con Dios y recibir sus bendiciones. La ley nos sujeta a ella pero hace que se nos vea a nosotros delante de Dios, no nos cubre, no se pone entre nosotros y Dios.
Y nos pone su carga diciéndonos lo que podemos hacer o no, lo que es lícito o no. Pero solo nos sujeta y nos pone su carga, no nos capacita y ayuda a llevar su yugo y su carga. Y entonces como no podemos por nosotros mismos cumplirla, nunca hallamos verdadero descanso de Dios.
Jesús también nos pone su yugo y su carga. Nos sujeta a él para conocer al Padre y por medio de él recibir las bendiciones del Padre. Nos sujeta a él para que él cumpla por nosotros delante de Dios. Nos sujeta a él para que no se nos vea a nosotros sino que se vea a él; nos cubre, se pone entre nosotros y Dios. cuando vamos en el yugo con él, él mantiene la línea recta, nos corrige para que no nos torzamos.
Y nos pone su carga, nos muestra él mismo cómo hemos de vivir, cómo hemos de servir a Dios. No solo nos sujeta a él y nos pone su carga, sino que viene con nosotros, nos enseña con su ejemplo y nos ayuda porque él es verdaderamente quien lleva el peso, quien hace la obra por nosotros. Él es la fuerza, él es quien sabe. Así sí podemos recibir el descanso, la plenitud, que viene de Dios. Nosotros tenemos que decidir ir con él, no separarnos de él, e imitarlo, ser como él.
Él cumple delante de Dios y él hace la obra para Dios.