2 Corintios 1:4
El escritor, el apóstol Pablo, no quiere demostrar la existencia de Dios, él tiene la seguridad de su existencia. Tanto, que no comienza estas palabas con dudas o con quejas sino con gratitud y alabanza, bendiciendo a Dios.
Y tampoco alberga ninguna duda de que Dios quiera y pueda ayudar. Para Pablo Dios es bueno, a pesar del sufrimiento en este mundo.
Nos está dando estas palabras para que en nuestro sufrimiento nos atrevamos a explorar la vía de acercarnos a Dios, o de mantenernos unidos a Dios, con confianza y experimentarle. Dios es Dios pero no está tan alejado ni ausente como para no enterarse o importarle nuestro sufrimiento.
Santiago también nos anima a acercarnos a Dios en la plena certeza y convicción que él tiene, de que si lo hacemos Dios se acercará a nosotros, Santiago 4:8.
Dios es Padre de misericordias y nos da su consuelo cuando pasamos por tribulación. No hay tribulación para la que no tenga consuelo. No hay sufrimiento, sea cual sea su causa, del que no pueda compadecerse de nosotros y darnos su ayuda.
Dios es Padre de Misericordia.
El Padre Celestial es en sí mismo Misericordioso. Jesús cuando nos enseña del Padre Celestial dice que Él es Misericordioso, Lucas 6:36.
En él nace la misericordia, sin él la misericordia no existiría. Dios está sentado en su trono y la carta a los Hebreos nos enseña que en ese Trono Celestial alcanzamos misericordia. Esa misericordia es nuestro oportuno socorro. Hebreos 4:16.
Esta misericordia, este oportuno socorro, es tanto para el sufrimiento que nos provoca la vida en este mundo, como para el sufrimiento que nos provocamos a nosotros mismos por causa de nuestros errores.
Dios es Padre de Misericordia por tanto no tenemos que convencerlo de que tenga misericordia de nosotros, solo tenemos que acercarnos confiadamente. Y ese acercamiento confiado solo es posible por la fe en Jesucristo, Hebreos 4:14. Como Jesús mismo dijo, no hay otro camino al Padre sino él, Juan 14:6.
Dios es Dios de toda Consolación.
Dice la carta a los Hebreos que Jesucristo experimentó todo como un ser humano y por eso se compadece de nuestras tribulaciones, de nuestras necesidades, de nuestras debilidades, Hebreos 4:15.
Pero Jesucristo no solo sufrió sino que superó, venció, a este mundo de necesidad, tentación y maldad, Juan 16:33. Por esto podemos confiar en Jesús y él puede consolarnos en nuestras tribulaciones. No hay sufrimiento en el que no pueda consolarnos.
Consuelo incluye ánimo, sanidad de la herida recibida en el alma y fuerza en el alma para seguir. Incluye consejo para no volver a caer en la misma trampa y para saber el camino que tomar. Incluye ayuda, la intervención de Dios, de alguna manera, en el asunto.
En nuestros sufrimientos la mejor decisión, el mejor camino a tomar, es acercarnos en el Nombre de Jesús al Dios que tiene misericordia y nos dará consuelo.
Primero revisemos como está nuestra fe y relación con Jesucristo. Si es necesario pongámonos a bien con él, pidamos perdón por nuestros pecados, pidamos ayuda para creerle y renovar nuestra relación con él.
Luego acerquémonos al trono de gracia y misericordia y pidamos la ayuda que necesitamos. Dios nos consolará en nuestra tribulación.
Tan convencido está el escritor Pablo de que de parte de Dios vendrá el consuelo, que nos anima e impulsa a ayudar a otros con el consuelo recibido. Sí, porque esa es la mejor manera de superar los sufrimientos, ayudar a otros a superar los suyos. Anunciemos a los que nos rodean y sufren que en nuestros sufrimientos encontramos la compasión y la ayuda de Dios.