Lucas 15:11-24
Esta es la historia del ser humano, la historia de todas las personas.
Pudiéramos pensar y creer que no, que no tenemos nada que ver con un creador, pero la verdad es que somos el diseño del Diseñador, somos creación del Creador.
Lo que somos (la inteligencia, la conciencia, el amor) es porque llevamos la semejanza de quien nos ha creado. En este sentido (de que nos ha hecho y nos ha dado su semejanza) es que el Creador es Padre de todo lo que ha creado, es Padre de sus criaturas.
Y aunque hay argumentos para defender esta verdad de que somos creados, al final se trata de una cuestión de fe. Decido creer, o decido no creer. La verdad es que puedo creer y que el Padre, si le pedimos ayuda, nos ayudará a creer.
El Padre ha dado bienes a las personas para que podamos disfrutarlos. Nos ha dado inteligencia, habilidades, creatividad; nos ha dado recursos para gestionarlos y aprovecharlos. Nos ha dado conciencia del bien y del mal, sentido de la justicia, amor. Nos ha hecho libres. Y todo esto para poderlo vivir de forma plena y abundante.
Pero esa libertad con la que hemos sido creados es la que usamos para vivir sin tener en cuenta al Padre Celestial, para vivir lejos del Padre.
Cada uno buscando llevar su vida a la plenitud y abundancia conforme entiende y puede. Pero esto nos conduce por la vida en un sentido de independencia, libertad y prosperidad que no es verdadero, porque vivimos sometidos a la crueldad, esclavitud y sufrimientos de este mundo.
Las verdad es que podemos tomar conciencia de la realidad de nuestra situación y decidir volver al Padre Celestial.
En ese entendimiento de que la verdadera vida está en unión con el Padre es que podemos volver a casa. Es tomar conciencia de que le necesitamos, de que con él está la vida plena y abundante.
Podemos volver a casa, con el Padre; él no nos rechaza. El Padre tiene misericordia de nosotros y no nos da el pago que merece nuestra actitud y que merecen nuestras acciones. El Padre nos perdona, nos acepta, no ya como criaturas sino como hijos, y nos recibe para de nuevo ofrecernos de sus bienes.
Nos limpia de la suciedad, de la maldad, que se nos ha pegado en la vida. Nos sana de las heridas que la vida nos ha provocado. Nos restaura el esplendor que teníamos y que las dificultades y sufrimientos han ido desgastando y aun quitándonos. El Padre nos devuelve la verdadera vida.
La verdad es que el Padre Celestial te ama y te está esperando con los brazos abiertos.
Quizás no lo entiendas todo, o en ti no estén las fuerzas para volver, o la valentía para decidir. Pero es posible ese camino de retorno a casa, al Padre, a la vida. Es posible tomar conciencia de nuestra realidad; es posible entender que la vida está en el Padre; es posible tomar la decisión de volver; es posible creer. Ese camino de vuelta lo ha hecho posible, lo ha abierto, Jesucristo de Nazaret.
Él dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Cuando ponemos nuestra mirada en Jesús recibimos entendimiento, fe y nuevas fuerzas.
Jesucristo ya pagó el precio que cuesta tu oportunidad, tu nueva vida. Él pagó con su propia vida, entregándola a la muerte clavado en la cruz.
Di a Jesucristo que aceptas el precio que pagó por tu nueva vida, pide perdón por toda tu vieja vida y entra hoy a la reconciliación con tu Padre Celestial, entra hoy a casa y se bendecido en tu necesidad.
Y ya en la casa no dejes tu relación con el Padre Celestial, porque no se trata solamente de que recibas ayuda. La ayuda no te da la relación con el Padre, pero la relación con el Padre te abre las puertas a toda su ayuda, porque como dijo el Padre a su hijo “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas” (Lucas 15:31).
El gozo de tu Padre Celestial es compartir su amor contigo y que tú seas bendecido. Entonces renueva tu relación con tu Padre Celestial en el Nombre de Jesucristo, porque él dijo que es el único camino al Padre (Juan 14:6).
