1ª Pedro 4:7
El Señor nos da además el mejor de los consejos cuando se acerca el fin de algo y es que nos dediquemos seriamente a la oración.
Cuando el fin de las cosas se acerca es cuando más tenemos que mantener nuestra comunión con el Señor.
Pero no solo estamos hablando de orar porque sabemos que estamos en los tiempos finales y se acerca la segunda venida de Jesucristo. También tenemos que tomar esta exhortación a la oración cuando se acerca el fin de otras cosas, o cuando vemos el deterioro, la destrucción, o la confusión a nuestro alrededor.
Cuando el propio mundo se destruye sufriendo tiempos convulsos, de calamidades, de incertidumbre, son tiempos donde hay que incrementar la oración.
Cuando se acerque el fin de nuestra vida es cuando más tenemos que dedicarnos a la oración y asegurarnos de que nuestra relación con Jesucristo es correcta y estamos en paz.
Y también cuando vemos que situaciones difíciles pueden estar intentando acabar con áreas de nuestras vidas o incluso con la fe y con la propia vida es cuando más tenemos que orar.
Jesús es nuestro mayor ejemplo y pasó en oración sus últimas horas como ser humano libre antes de su final como ser humano en la tierra. Y su exhortación a los discípulos no deja lugar a dudas de lo importante de la oración en momentos extremos, Mateo 26:40.
La oración, la comunión con Jesucristo, nos mantendrá en paz en medio de los sufrimientos de esta vida y en medio de las presiones de este mundo (que está influenciado por el maligno), porque Jesucristo ha vencido a todos los poderes que gobiernan este mundo (Juan 16: 33).
La exhortación es a orar y a orar con perseverancia, disciplina y vigilancia. Es decir no nos cansemos de orar; oremos por todas las cosas que tenemos que orar, no solo por las cosas que nos interesen particularmente; y estemos atentos a cualquier circunstancia que ocurre en la iglesia para inmediatamente orar.
Pero en momentos comprometidos, difíciles, finales, también la exhortación es a orar desde una vida sobria es decir lo contrario de ebria, que no estamos permitiendo que se confunda, mezcle, contamine con nada de este mundo.
El llamamiento es a la oración desde una posición de fe en Dios a pesar de las mentiras de este mundo y desde una posición de santidad a pesar de la seducción de este mundo para aprovechar al máximo esta vida sin importar nada.
Hay un llamamiento ineludible de parte de Dios a su pueblo, es el llamamiento a la oración.
Fue el ejemplo que nos dio nuestro Señor y Salvador con su propia vida de oración y con su enseñanza “Vosotros pues oraréis así” Mateo 6: 9.
Era el deseo de los seguidores de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” Lucas 11: 1.
Es lo que nos enseña el apóstol Pedro como acabamos de ver y es también lo que nos enseña el apóstol Pablo cuando nos dice: “Orad sin cesar” 1ª Tesalonicenses 5: 17.
Y es lo que desde tiempos antiguos Dios pide a su pueblo, 2º Crónicas 7: 14 “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”